May, simple y esencial

En gratitud y aprendizaje constante

Categoría: Crecimiento Personal

  • Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Volteo al pasado,  me busco, me veo y me parece que estoy frente a otra persona ¡Que fortuna! he cambiado mucho. Estoy satisfecha de lo que fui, pero estoy demasiado feliz con lo que soy, y me motiva imaginar lo que puedo ser.

    Pensé que cada 23 de abril me iba a invadir la nostalgia porque fue la fecha en que decidí salir de mi país, en que decidí dejar todo lo conocido, lo vivido, lo logrado, lo amado; pero no es así, no siento nostalgia, más bien siento agradecimiento por todo lo que ha cambiado en mi vida, por todo lo que he logrado evolucionar a nivel emocional.

    Fue lindo nacer en Venezuela; haber vivido en barrio, campo y ciudad, pues esto me enseño humildad pero también me motivo a progresar; haber sido criada por una tradicional madre venezolana, firme de carácter pero de corazón bondadoso, sin mayor nivel de instrucción pero con mucha educación, un alto sentido de responsabilidad y un incansable espíritu de lucha; disfrutar la calidez de mis compatriotas, gente loca que apenas conoces y te abren las puertas de su casa y te hacen sentir en familia; estudiar en una importante universidad, aunque ya para esa época estaba siendo castigada por el régimen de turno; trabajar en grandes empresas y relacionarme con profesionales excepcionales, crecer en la profesión que tanto me apasiona; recorrer su territorio, maravillarme con la belleza de su naturaleza: hermosas playas, relajantes montañas, majestuosos tepuyes (aunque confieso que me dio miedito estar en la selva); comer, comer y comer la deliciosa comida venezolana; adquirir bienes materiales tal como me lo había propuesto. Pero esto ¡ya es pasado!.

    En este momento de mi vida he dejado de darle importancia a ciertas cosas que antes me parecían vitales, como poseer algunos bienes materiales, esto no quiere decir que no pretendo esforzarme por mejorar constantemente mi calidad de vida y la de mis seres queridos solo que ahora la prioridad es diferente; por otra parte, he aprendido a valorar cosas que antes ni consideraba, como la inocencia de los niños, la importancia de que sean educados adecuadamente y no me refiero a la educación formal de las escuelas, sino a educarles emocional y actitudinalmente para que tengan herramientas para enfrentar y disfrutar la vida.

    Sin duda alguna la maternidad me está puliendo, me está permitiendo crear una mejor versión de mi, ver con otros cristales mi historia pasada y lo más importante visualizar un futuro con propósito. Así que de ahora en adelante cada 23 de abril ya no será una fecha para «llorar» por la historia vivida entre 1982-2015, sino que será una fecha en la que haré balance, planificaré para el futuro con una actitud de servicio, de crecimiento y evolución constante.

    Volveré al pasado a buscar aprendizajes, pero no a vivir allí.

  • Un año después que salí de mi país

    Un año después que salí de mi país

    Cada historia de inmigrante es diferente, algunas nos llenan de esperanzas, otras nos generan temor. Hoy estoy cumpliendo un año que llegué a Ecuador y mi historia es la siguiente:

    Un día «X», por una razón «Y» (seguro que similar a las razones de muchos) decidí salir de Venezuela, mi decisión era definitiva y firme, nada de prueba piloto, nada de ir a probar suerte, era todo o nada. No sabía cómo me iría y tenía mucho temor al fracaso; por ello, me documenté, planifiqué y preparé lo mejor que pude para dar este paso, tracé los planes que consideraba viables para mi futuro.

    Mi plan «A» buscar empleo en cualquier lugar (lícito) mientras obtenía la visa profesional y luego desempeñarme en mi área. Mi plan «B» investigar el mercado, visualizar opciones para emprender un negocio acá con el apoyo financiero de un par de amigos.

    El plan «A» funcionó parcialmente, Dios puso un ángel en mi camino en cuanto llegué y tuve un empleo provisional por dos meses, en ese tiempo pude registrar mis títulos y obtener mi visa profesional; pero la segunda parte aún no se ha materializado. El plan B, ¡descartado! el mercado ecuatoriano, especialmente el quiteño, no me generó confianza para emprender un negocio propio. Yo pensaba que iba a tener todo bajo control, pero no fue así. Dios tenía un tercer plan para mí vida, algo que por mi personalidad no se me hubiese ocurrido nunca.

    Semana 28Hoy, un año después, a muchos kilómetros de mi tierra, a pesar de todo lo que tuve que dejar, a pesar de que no tengo un empleo a nivel profesional, ni el nivel de vida al que estaba acostumbrada antes de la crisis, a pesar de que aún desentono un poco con la cultura ecuatoriana, ¡Me siento feliz! Siento paz y tranquilidad, acá conocí un chico maravilloso que me trata como una princesa, nos casamos y ahora estamos esperando a nuestra nenita.

    Mi historia no es un cuento rosa de princesa, no es para nada un final feliz; como toda historia real, es más bien el principio de una nueva etapa, toca trabajar mucho para lograr una estabilidad, para ofrecerle un buen futuro a mi nena y para sentar los cimientos que me permitan ayudar a mis seres queridos que se encuentran en Venezuela y que tanto me preocupan.

    De mi experiencia puedo rescatar que es necesario: investigar, planificar, vencer los temores, estar realmente decidido, esforzarse, tener la mejor actitud, gratitud ante lo mínimo que se logré, pero especialmente tener la flexibilidad y humildad para aceptar que no todo lo podemos controlar.