May, simple y esencial

En gratitud y aprendizaje constante

Autor: Maylin

  • Hoy es tu cumpleaños Nro 2

    Hoy es tu cumpleaños Nro 2

    Hoy despertaste, te bajaste de la cama e intentaste salir a buscarnos como todas las mañanas, pero como a papi se le olvido dejarte la puerta abierta no pudiste salir, así que te logramos capturar en la habitación, te tomé en mis brazos, te volvimos acostar para ambos abrazarte, darte tus «besototes» y desearte un ¡Feliz Cumpleaños!.

    Amor, es tu cumpleaños número dos y lo celebro no con una fiesta sino con gratitud. Agradezco a Dios por ponerte en mi vientre y en mi corazón, agradezco por tu desarrollo, por tu aprendizaje, por tu salud, por tu ternura, por todo el amor que hay en nuestro hogar, por la felicidad que siento cada día al verte reír mientras jugamos juntos.

    Mi reina amada, me sorprende todo lo que has aprendido en el lapso de un año, aprendiste: a caminar firmemente, saltar, correr, nadar un poco; a expresarte verbalmente con unas que otras palabras que solo tu papi y yo entendemos; ya conoces las vocales, los colores primarios, y algunos números; sabes los nombres de tus familiares cercanos; tomas decisiones simples con firmeza, tu decisión más firme es cuando escoge cada mañana colocarte tus «atosh ocha» (zapatos rosa) aunque yo no este muy satisfecha con el resultado de la combinación; amor, te confieso que en algunas oportunidades nos ha tocado esconderte los zapatos rosas para que uses cualquiera de los otros que se están quedando nuevecitos.

    Ya tienes casi dominado el tema de control de esfínteres; y a mi particularmente me tiene maravillada que en 3 horas aprendiste que ya no habría más tetica, y que en una noche aprendieras que ya no habría más tetes nocturnos; también aprendiste que el «thate» (chocolate, ¡eso si, el orgánico!) el «ati» (aguacate) y los «fafes» (chifles/platanitos) son alimentos deliciosos; y especialmente ya captaste que  un «amo mami» y un «amo papi» son frases muy valiosas para detener los regaños de mamá y papá.

    Definitivamente este año has aprendido mucho, pero es mucho más lo que nos has enseñado a nosotros; a mi me has brindado la oportunidad de hacer una maestría en amor, un doctorado en paciencia ¡ah! y también un diplomado en limpiar desastres. He aprendido a valorar más las enseñanzas de mi madre, a perdonar a mi padre, a disfrutar del presente, a sentir paz en mi corazón, a desprenderme de cosas tontas que antes me parecían importantes, he aprendido a disfrutar la comida fría, a convivir con un pequeño nivel de desorden y a relajarme ante cualquier desastre fruto de tu curiosidad.

    Como te digo cada noche, cuando nos alistamos para dormir y te acurrucas en mi pecho, «hija, de corazón deseo que  seas una persona feliz, exitosa, firme de carácter y bondadosa de corazón», y mamá y papá estamos haciendo lo posible para ayudarte a construir un hermoso futuro, de hecho , te cuento que hoy fuimos a conocer el que será tu próximo colegio, donde suponemos tendrás una formación de calidad  que facilite tu vida universitaria; si, si, apenas estas cumpliendo 2 años y ya estamos hablando de tu futuro universitario, pero ni modo, así somos tus padres.

    Gracias le doy a Dios porque eres la hija perfecta para mi y le pido que te proteja a ti y a todos los niños del mundo.

    ¡Te ama mamá!

  • Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Volteo al pasado,  me busco, me veo y me parece que estoy frente a otra persona ¡Que fortuna! he cambiado mucho. Estoy satisfecha de lo que fui, pero estoy demasiado feliz con lo que soy, y me motiva imaginar lo que puedo ser.

    Pensé que cada 23 de abril me iba a invadir la nostalgia porque fue la fecha en que decidí salir de mi país, en que decidí dejar todo lo conocido, lo vivido, lo logrado, lo amado; pero no es así, no siento nostalgia, más bien siento agradecimiento por todo lo que ha cambiado en mi vida, por todo lo que he logrado evolucionar a nivel emocional.

    Fue lindo nacer en Venezuela; haber vivido en barrio, campo y ciudad, pues esto me enseño humildad pero también me motivo a progresar; haber sido criada por una tradicional madre venezolana, firme de carácter pero de corazón bondadoso, sin mayor nivel de instrucción pero con mucha educación, un alto sentido de responsabilidad y un incansable espíritu de lucha; disfrutar la calidez de mis compatriotas, gente loca que apenas conoces y te abren las puertas de su casa y te hacen sentir en familia; estudiar en una importante universidad, aunque ya para esa época estaba siendo castigada por el régimen de turno; trabajar en grandes empresas y relacionarme con profesionales excepcionales, crecer en la profesión que tanto me apasiona; recorrer su territorio, maravillarme con la belleza de su naturaleza: hermosas playas, relajantes montañas, majestuosos tepuyes (aunque confieso que me dio miedito estar en la selva); comer, comer y comer la deliciosa comida venezolana; adquirir bienes materiales tal como me lo había propuesto. Pero esto ¡ya es pasado!.

    En este momento de mi vida he dejado de darle importancia a ciertas cosas que antes me parecían vitales, como poseer algunos bienes materiales, esto no quiere decir que no pretendo esforzarme por mejorar constantemente mi calidad de vida y la de mis seres queridos solo que ahora la prioridad es diferente; por otra parte, he aprendido a valorar cosas que antes ni consideraba, como la inocencia de los niños, la importancia de que sean educados adecuadamente y no me refiero a la educación formal de las escuelas, sino a educarles emocional y actitudinalmente para que tengan herramientas para enfrentar y disfrutar la vida.

    Sin duda alguna la maternidad me está puliendo, me está permitiendo crear una mejor versión de mi, ver con otros cristales mi historia pasada y lo más importante visualizar un futuro con propósito. Así que de ahora en adelante cada 23 de abril ya no será una fecha para «llorar» por la historia vivida entre 1982-2015, sino que será una fecha en la que haré balance, planificaré para el futuro con una actitud de servicio, de crecimiento y evolución constante.

    Volveré al pasado a buscar aprendizajes, pero no a vivir allí.

  • ¡Dolor Profesional!

    ¡Dolor Profesional!

    Desde que me gradué tuve la fortuna de desempeñarme en empresas grandes, en las cuales la labor de los profesionales de recursos humanos era medianamente respetada, las funciones de los distintos subsistemas de la gestión estaban claramente definidas y contaban con sus respectivos especialistas, cuyas opiniones eran consideradas por el cliente interno, siempre y cuando dichos especialistas generaran la suficiente credibilidad técnica en el desempeño de funciones.

    Por ello, debo admitir que siento “dolor profesional” cuando escucho hablar a mis amigos que trabajan en pequeñas y/o medianas empresas (PYMES), de cómo son mal-tratados en sus labores, de su percepción de “la gente de recursos inhumanos”, como si no fuesen compañeros sino más bien el bando enemigo. Y es que su percepción se basa en que “los de recursos humanos” en muchas ocasiones no son más que títeres o marionetas de la filosofía empresarial, por no decir de los caprichos del jefe o jefes de las distintas unidades conforman la empresa.

    Esto ocurre especialmente en las empresas que no terminan de entender el papel tan importante que representan las “personas” en el funcionamiento de estas; por consiguiente, tampoco valoran la labor que realiza o podría realizar el área de recursos humanos.

    Pareciera que muchos emprendedores o microempresarios tienen la creencia de que un profesional de recursos humanos es alguien que estudia unos cuantos años de carrera y sólo aprende hacer cálculos de nómina, algo de selección de personal y los más pilas hasta saben de salud ocupacional. ¡Creencia altamente limitante! un buen profesional de recursos humanos: reconoce el valor de las personas; sabe cómo gestionar el aporte de éstas para la organización; logra que la empresa se comprometa con el bienestar de su gente; contribuye a realizar cambios trascendentales en pro de la empresa; pero, para ello deben dejarle mostrar sus competencias, sus conocimientos e ideas.

    Peor es la situación en lo que respecta a la capacitación, ésta no suele ser valorada, en esta línea nos encontramos con empresas que:

    1. Consideran que la capacitación es un gasto en lugar de inversión; por lo que no presupuestan ni un centavo para el desarrollo de su gente.
    2. Solo capacitan en temas regulatorios para evitar multas; por ende, no aportan mayor valor al desarrollo de las personas.
    3. Mandan a su gente a uno que otro curso que no tiene relevancia ni para la organización ni para las personas, por lo que solo pierden el dinero destinado a este rubro.
    4. Solo brindan capacitación técnica, descuidando el desarrollo actitudinal.

    Las empresas que no creen en la capacitación, no se preocupan por contratar a profesionales especializados en esta área; terminan buscando y contratando a alguien que sepa de nómina, selección y que se encargue de la logística de los eventos formativos, previamente establecidos a dedo en un supuesto plan anual de capacitación. No tienen idea que un plan de capacitación efectivo responde a las necesidades latentes de la organización y su gente, de igual forma visiona las necesidades futuras en concordancia con el plan estratégico de la empresa.

    En conclusión, si la empresa no le da valor a la capacitación nunca obtendrá el valor de ésta; si no deja al profesional de recursos humanos gestionar estratégicamente, difícilmente podrá ver el potencial de desarrollo de la empresa; si no cree en las personas jamás alcanzará el éxito.

  • ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad

    ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad

    Para empezar, debo admitir que yo no encajaba en el estilo de mujeres que desde que tienen uso de razón determinan que quieren ser madre; tampoco me ubicaba en el extremo de las que decididamente no quieren serlo; más bien estaba en el grupo de las que no tienen una posición definida al respecto.

    En ocasiones me visualizaba con hijos y sentía algo bonito, hasta bromeaba diciendo que quería tener tres; pero, cuando veía todos los sacrificios que realizaban mis amigos que ya eran padres, la verdad es que eso de tener un hijo no me parecía que fuese la mejor de las ideas, lo veía poco práctico y venían a mi mente pensamientos como:

    • Yo creo que no sirvo para ello, no tengo tolerancia para aguantar berrinches.
    • Eso de tener un hijo implica mucha responsabilidad, bastante tengo ya en mi día a día tratando de salir adelante sola.
    • Al tener un hijo se pierde autonomía, ya no puedes decidir sólo por ti, pues tus decisiones afectaran a terceros;
    • Se necesita estar estable o solvente económicamente para meterse en ese lío, yo no pienso traer un hijo al mundo a pasar necesidades;

    Prueba de embarazoPero todo cambió cuando en octubre de 2015 una prueba confirmó que estaba embarazada, aunque yo lo sospechaba, la verdad es que carecer de una posición definida con respecto a la maternidad hizo que esta noticia me agarrara de sorpresa y en el espacio de unas horas pude sentir las más variadas emociones, entre ellas:

    Miedo, porque sólo vino a mi mente las historias traumáticas de embarazos y partos de familiares, amigos, y hasta de desconocidos que alguna vez vi en cualquier programa de televisión paga.

    Tristeza, porque después que tanto mi mamá había insistido con su deseo de que le diera un nieto o nieta, ahora eso iba a ocurrir y no iba a poder vivirlo a su lado.

    Alegría, porque cuando le di la noticia a mi esposo, él mostró su agrado por ser padre y ratificó que ese era su deseo.

    Debo confesar que pasé por un momento en el que sentía que no iba a poder con la maternidad, que era algo demasiado grande para mí, tenía demasiados temores infundados y mucho desconocimiento, y aunque sigo pensando que tener un hijo es racionalmente poco práctico, de igual manera y con total convicción digo que no cambiaría por nada en el mundo el hecho de ser madre, lo que siento cuando veo sonreír a mi bebé, cuando la tengo en mi regazo, es la mayor felicidad que en mi vida he podido experimentar, ya no me importa lo que es práctico, no me interesa tener autonomía, con gusto acepto la responsabilidad de tener un hijo y los sacrificios asociados.

    Por tanto, ya tengo una posición definida: Soy madre, amo la maternidad con todo lo que implica, y capaz me dejo convencer por mi esposo y le damos un hermanito a la bebé dentro de un par de años.

  • Maternidad: Un Retrato sin Photoshop

    Maternidad: Un Retrato sin Photoshop

    Quise autoretratoescribir mi experiencia real con respecto a la maternidad antes que mi beba con sus superpoderes (su ternura y su sonrisa) manipule mi memoria, me haga perder la objetividad de lo vivido durante el embarazo y el parto y, termine como la mayoría de las madres hablando con un tono rosa de lo maravilloso que es la maternidad; es decir, recordando la experiencia con una belleza casi mística, que suele resultar poco creíble, algo así como lo que ocurre cuando a una fotografía le aplican Photoshop.

    La intención es relatar en una serie de entradas, mi experiencia particular en cada etapa, los miedos asociados, las emociones, los conocimientos adquiridos mediante lecturas, historias de familiares y amigos, recomendaciones expertas de mi doctor y autorreflexiones, que pueden ser de utilidad para las madres primerizas.

    Pero como esto es algo que generalmente se vive en pareja, en ocasiones verán publicaciones de paternidad escritas por mi esposo, dirigidas principalmente a los padres primerizos, que según sus propias palabras  a veces pueden llegar a sentir que «son la última rueda del coche» en esta materia.

    Los temas que estaremos compartiendo:

    1. ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad.
    2. Paternidad: mis primeras impresiones
    3. Embarazo, nueve meses de fiesta hormonal. (Próximamente)
    4. El temido momento del parto.  Ficción vs Realidad. (Próximamente)
    5. El bebé llegó a casa. Los primeros días y sus respectivas noches.(Próximamente)
    6. Lactancia Materna: ¿Es un acto lindo o más bien traumático? (Próximamente)
    7. Cólicos en el recién nacido. Llanto que rompe el corazón, sentimiento de culpa que tortura a la madre. (Próximamente)

    Mamitas/papitos si les gustaría que abordemos algún tema adicional pueden sugerirlo, si nosotros hemos vivido la experiencia con gusto la compartiremos.

  • Un año después que salí de mi país

    Un año después que salí de mi país

    Cada historia de inmigrante es diferente, algunas nos llenan de esperanzas, otras nos generan temor. Hoy estoy cumpliendo un año que llegué a Ecuador y mi historia es la siguiente:

    Un día «X», por una razón «Y» (seguro que similar a las razones de muchos) decidí salir de Venezuela, mi decisión era definitiva y firme, nada de prueba piloto, nada de ir a probar suerte, era todo o nada. No sabía cómo me iría y tenía mucho temor al fracaso; por ello, me documenté, planifiqué y preparé lo mejor que pude para dar este paso, tracé los planes que consideraba viables para mi futuro.

    Mi plan «A» buscar empleo en cualquier lugar (lícito) mientras obtenía la visa profesional y luego desempeñarme en mi área. Mi plan «B» investigar el mercado, visualizar opciones para emprender un negocio acá con el apoyo financiero de un par de amigos.

    El plan «A» funcionó parcialmente, Dios puso un ángel en mi camino en cuanto llegué y tuve un empleo provisional por dos meses, en ese tiempo pude registrar mis títulos y obtener mi visa profesional; pero la segunda parte aún no se ha materializado. El plan B, ¡descartado! el mercado ecuatoriano, especialmente el quiteño, no me generó confianza para emprender un negocio propio. Yo pensaba que iba a tener todo bajo control, pero no fue así. Dios tenía un tercer plan para mí vida, algo que por mi personalidad no se me hubiese ocurrido nunca.

    Semana 28Hoy, un año después, a muchos kilómetros de mi tierra, a pesar de todo lo que tuve que dejar, a pesar de que no tengo un empleo a nivel profesional, ni el nivel de vida al que estaba acostumbrada antes de la crisis, a pesar de que aún desentono un poco con la cultura ecuatoriana, ¡Me siento feliz! Siento paz y tranquilidad, acá conocí un chico maravilloso que me trata como una princesa, nos casamos y ahora estamos esperando a nuestra nenita.

    Mi historia no es un cuento rosa de princesa, no es para nada un final feliz; como toda historia real, es más bien el principio de una nueva etapa, toca trabajar mucho para lograr una estabilidad, para ofrecerle un buen futuro a mi nena y para sentar los cimientos que me permitan ayudar a mis seres queridos que se encuentran en Venezuela y que tanto me preocupan.

    De mi experiencia puedo rescatar que es necesario: investigar, planificar, vencer los temores, estar realmente decidido, esforzarse, tener la mejor actitud, gratitud ante lo mínimo que se logré, pero especialmente tener la flexibilidad y humildad para aceptar que no todo lo podemos controlar.