May, simple y esencial

En gratitud y aprendizaje constante

Categoría: Aprendizajes de vida

  • 2 años de paternidad

    2 años de paternidad

    Son ya 730 desde que vi ese pequeño ser de 45 centímetros dar su primera bocanada de aire y nunca imaginé que dos años después mi vida iba a cambiar tanto.

    Cuándo de niño pensaba en la paternidad siempre imaginaba todo lo que le iba a enseñarle a mis hijos, pero jamás me detuve a pensar lo que ellos me iban a enseñar a mí.

    Y creo que casi ningún adulto se detiene a pensar lo que un hijo le puede enseñar. Después de todo son niños, sin experiencia de la vida, con todo por aprender. ¿Qué tanto pueden enseñar?

    Hoy, en el cumpleaños número dos de mi hija, quiero darle las gracias a ella por enseñarme tanto en tan poco tiempo. Algunas cosas han sido enseñanzas directas y otras aprendizajes gracias a ella. Todas llenas de significado que me han hecho mejor persona.

    1. A aprender constantemente

    Al crecer nos olvidamos de aprender. Acabamos el colegio, la universidad y quizá tomamos algún curso de actualización profesional o nos mantenemos actualizados con los temas de nuestro trabajo, pero descuidando otras áreas de crecimiento.

    Gracias a mi hija descubrí nuevas áreas en las que debía formarme. Finanzas, cocina, enfermería, psicología, deporte, música, liderazgo, motivación y un sin fin de cosas más. No solo para ofrecerle herramientas para su vida sino para ser el mejor padre perfecto para ella.

    2. A no rendirme nunca

    Cuándo estás en modo aprendizaje constante también estás en modo «fracaso constante». Fallar es parte de aprender y nadie lo sabe mejor que un niño (o un padre que ve a su hija aprender a caminar). Golpes, caídas y llanto es el día a día de un proceso de aprendizaje.

    Mi hija me enseñó que caerse es parte de aprender y levantarse es lo que hay que hacer para volverlo a intentar.

    3. A fascinarme cada segundo

    La capacidad de un niño de fascinarse con su mundo es mítico. Seguramente existen libros y tesis doctorales que lo explican, pero lo que yo aprendí no es a fascinarme como un niño sino a fascinarme de la fascinación de mi hija.

    Su emoción al encontrar una basura en el piso, su alegría al ver por millonésima vez el mismo capítulo de un programa o sus ojos al encontrar su golosina preferida. Este tipo de cosas llenan mis días de una alegría indescriptible que sirve de gasolina para mis momentos de fracaso.

    4. A reír con pureza

    Las ocurrencias de los niños le sacan sonrisa a los rostros más fruncidos y cuando un niño descubre que es capaz de hacer reír a un adulto hará todo lo posible por lograr nuevamente esa sonrisa.

    La risa que provocan los niños no se parecen en nada a las risas de un chiste adulto. La pureza de sus actos y sus ocurrencias logran risas que salen directamente del alma, risas que estaban olvidadas entre capas y capas de adultez.

    5. A desarrollar mi paciencia

    Todo el mundo sabe que los niños lloran y los niños pequeños lloran mucho más. No es que les guste llorar (al menos eso quiero creer), sino que no saben cómo expresarse.

    Descubrir sus necesidades, sus deseos y hasta sus dolores en medio de llantos inconsolables o berrinches imparables me ha hecho desarrollar un tipo de paciencia diferente. Ser el adulto cuando mi hija es la bebé es más difícil de lo que imaginé y en un par de ocasiones ha sido necesario poner tierra de por medio.

    6. A negociar las cosas

    «En esta casa no vivimos en democracia, esto es una dictadura de papá y mamá» es una frase que mis hijos van a escuchar mucho (de hecho mi hija ya la está escuchando) pero eso no nos libra de negociar constantemente.

    No se trata de permitir o no permitir a mi hija salirse con la suya sino más bien despertar un pensamiento crítico en el que entienda que tiene opciones y que cada una trae una consecuencia. Saber que decir y como decirlo es una habilidad adquirida en estos últimos años.

    7. A mantener la serenidad

    Se supone que los hombres somos más serenos que las mujeres, y eso es cierto en la mayoría de eventos grandes como la muerte de un ser querido o un accidente de auto, pero cuando tu hija decide vomitar en la cama a las 3 de la mañana y no sabes si debes ir a buscar un trapo para limpiar a su madre, llevar a la niña a vomitar al baño o traer un envase para que termine de vomitar ahí mismo, es cuando se pone a prueba tu serenidad y juicio ante la presión.

    Mi hija me enseñó que la serenidad ante la adversidad se logra al evaluar los potenciales escenarios y tomando previsiones sobre las acciones a realizar en cada uno.

    8. A ser agradecido

    De niño pensaba que era mejor agradecer por lo que tenía en lugar de pedir lo que no tenía. Después de todo, Dios me había dado tantas cosas que ser agradecido era lo más razonable. Con la edad, esa idea se fue diluyendo y agradecer se convirtió más en una formalidad que en un sentido real de gratitud.

    Mi nueva vida familiar ha sido un despertar a la gratitud y un abrir mi mente y mi corazón a muchas cosas nuevas.

    Se que pasarán años antes de que mi hija pueda leer este agradecimiento y otros tanto antes de que pueda entenderlos o valorarlos; sin embargo, hija mía, los dejo aquí para cuando necesites recordar que nunca se es demasiado viejo para aprender algo nuevo ni demasiado joven para enseñarle algo a alguien.

  • Hoy es tu cumpleaños Nro 2

    Hoy es tu cumpleaños Nro 2

    Hoy despertaste, te bajaste de la cama e intentaste salir a buscarnos como todas las mañanas, pero como a papi se le olvido dejarte la puerta abierta no pudiste salir, así que te logramos capturar en la habitación, te tomé en mis brazos, te volvimos acostar para ambos abrazarte, darte tus «besototes» y desearte un ¡Feliz Cumpleaños!.

    Amor, es tu cumpleaños número dos y lo celebro no con una fiesta sino con gratitud. Agradezco a Dios por ponerte en mi vientre y en mi corazón, agradezco por tu desarrollo, por tu aprendizaje, por tu salud, por tu ternura, por todo el amor que hay en nuestro hogar, por la felicidad que siento cada día al verte reír mientras jugamos juntos.

    Mi reina amada, me sorprende todo lo que has aprendido en el lapso de un año, aprendiste: a caminar firmemente, saltar, correr, nadar un poco; a expresarte verbalmente con unas que otras palabras que solo tu papi y yo entendemos; ya conoces las vocales, los colores primarios, y algunos números; sabes los nombres de tus familiares cercanos; tomas decisiones simples con firmeza, tu decisión más firme es cuando escoge cada mañana colocarte tus «atosh ocha» (zapatos rosa) aunque yo no este muy satisfecha con el resultado de la combinación; amor, te confieso que en algunas oportunidades nos ha tocado esconderte los zapatos rosas para que uses cualquiera de los otros que se están quedando nuevecitos.

    Ya tienes casi dominado el tema de control de esfínteres; y a mi particularmente me tiene maravillada que en 3 horas aprendiste que ya no habría más tetica, y que en una noche aprendieras que ya no habría más tetes nocturnos; también aprendiste que el «thate» (chocolate, ¡eso si, el orgánico!) el «ati» (aguacate) y los «fafes» (chifles/platanitos) son alimentos deliciosos; y especialmente ya captaste que  un «amo mami» y un «amo papi» son frases muy valiosas para detener los regaños de mamá y papá.

    Definitivamente este año has aprendido mucho, pero es mucho más lo que nos has enseñado a nosotros; a mi me has brindado la oportunidad de hacer una maestría en amor, un doctorado en paciencia ¡ah! y también un diplomado en limpiar desastres. He aprendido a valorar más las enseñanzas de mi madre, a perdonar a mi padre, a disfrutar del presente, a sentir paz en mi corazón, a desprenderme de cosas tontas que antes me parecían importantes, he aprendido a disfrutar la comida fría, a convivir con un pequeño nivel de desorden y a relajarme ante cualquier desastre fruto de tu curiosidad.

    Como te digo cada noche, cuando nos alistamos para dormir y te acurrucas en mi pecho, «hija, de corazón deseo que  seas una persona feliz, exitosa, firme de carácter y bondadosa de corazón», y mamá y papá estamos haciendo lo posible para ayudarte a construir un hermoso futuro, de hecho , te cuento que hoy fuimos a conocer el que será tu próximo colegio, donde suponemos tendrás una formación de calidad  que facilite tu vida universitaria; si, si, apenas estas cumpliendo 2 años y ya estamos hablando de tu futuro universitario, pero ni modo, así somos tus padres.

    Gracias le doy a Dios porque eres la hija perfecta para mi y le pido que te proteja a ti y a todos los niños del mundo.

    ¡Te ama mamá!

  • Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Tres años después: Viviendo una nueva realidad

    Volteo al pasado,  me busco, me veo y me parece que estoy frente a otra persona ¡Que fortuna! he cambiado mucho. Estoy satisfecha de lo que fui, pero estoy demasiado feliz con lo que soy, y me motiva imaginar lo que puedo ser.

    Pensé que cada 23 de abril me iba a invadir la nostalgia porque fue la fecha en que decidí salir de mi país, en que decidí dejar todo lo conocido, lo vivido, lo logrado, lo amado; pero no es así, no siento nostalgia, más bien siento agradecimiento por todo lo que ha cambiado en mi vida, por todo lo que he logrado evolucionar a nivel emocional.

    Fue lindo nacer en Venezuela; haber vivido en barrio, campo y ciudad, pues esto me enseño humildad pero también me motivo a progresar; haber sido criada por una tradicional madre venezolana, firme de carácter pero de corazón bondadoso, sin mayor nivel de instrucción pero con mucha educación, un alto sentido de responsabilidad y un incansable espíritu de lucha; disfrutar la calidez de mis compatriotas, gente loca que apenas conoces y te abren las puertas de su casa y te hacen sentir en familia; estudiar en una importante universidad, aunque ya para esa época estaba siendo castigada por el régimen de turno; trabajar en grandes empresas y relacionarme con profesionales excepcionales, crecer en la profesión que tanto me apasiona; recorrer su territorio, maravillarme con la belleza de su naturaleza: hermosas playas, relajantes montañas, majestuosos tepuyes (aunque confieso que me dio miedito estar en la selva); comer, comer y comer la deliciosa comida venezolana; adquirir bienes materiales tal como me lo había propuesto. Pero esto ¡ya es pasado!.

    En este momento de mi vida he dejado de darle importancia a ciertas cosas que antes me parecían vitales, como poseer algunos bienes materiales, esto no quiere decir que no pretendo esforzarme por mejorar constantemente mi calidad de vida y la de mis seres queridos solo que ahora la prioridad es diferente; por otra parte, he aprendido a valorar cosas que antes ni consideraba, como la inocencia de los niños, la importancia de que sean educados adecuadamente y no me refiero a la educación formal de las escuelas, sino a educarles emocional y actitudinalmente para que tengan herramientas para enfrentar y disfrutar la vida.

    Sin duda alguna la maternidad me está puliendo, me está permitiendo crear una mejor versión de mi, ver con otros cristales mi historia pasada y lo más importante visualizar un futuro con propósito. Así que de ahora en adelante cada 23 de abril ya no será una fecha para «llorar» por la historia vivida entre 1982-2015, sino que será una fecha en la que haré balance, planificaré para el futuro con una actitud de servicio, de crecimiento y evolución constante.

    Volveré al pasado a buscar aprendizajes, pero no a vivir allí.

  • Paternidad, mis primeras impresiones

    Paternidad, mis primeras impresiones

    A diferencia de muchos hombres, y similar a muchas mujeres, yo he querido ser padre desde que recuerdo. El ejemplo de mi padre fue fundamental, pero creo que mi legalidad y mi agrado por los niños me hacían creer que esto de la crianza era bastante fácil y por lo tanto toda mi vida viví en un mundo rosa en el que la paternidad era la cosa más bella del mundo.

    Para ser padre, primero hay que ser esposo (sí, yo soy de los chapados a la antigua que hace las cosas en orden) y hasta hace algo más de un año no tenía ni la más remota idea de quién sería la madre de mis hijos (pero esa historia es para otra entrada). Pero puedo asegurar que Dios se encargó de ayudarme a cumplir mi sueño de la paternidad junto a una mujer excepcional.

    Regresando al tema de la paternidad. Pocas veces te cuentan que la paternidad inicia 9 meses antes de que nazca tu hijo. En el momento en que tu esposa te dice “estoy embarazada”, todo cambia. Bueno, para mí las cosas no cambiaron precisamente en ese momento, pero todo cambió poco a poco.

    El embarazo

    Es el primer escalón de la escalera llamada paternidad. De un día para el otro tu mujer se convierte en un ser especial que lleva dentro de sí una nueva vida y tú te conviertes en su guardián custodio. Todo el mundo pregunta por tu mujer y tu futuro hijo y casi nadie pregunta por ti.

    Durante los primeros meses de embarazo debes perfeccionarte, o aprender, las antiguas artes del cuidado del hogar: lavar la ropa, limpiar la casa, cocinar (al menos la más simple de las comidas) ya que, en los últimos meses del embarazo tu bebé dependerá al 100% de tu esposa y tu esposa dependerá de ti casi al 100% por lo que la responsabilidad del bienestar de la familia está en tus manos.

    Además de “amo de casa” también debes perfeccionarte en el arte de la paciencia y la escucha porque la gran oleada de hormonas con las que lidia tu mujer la vuelven bastante sensible, cambiante e irritable. Tu mujer puede tener muchos miedos por la salud del bebe, el futuro y hasta por su capacidad para criar a esta nueva vida, por lo que tú debes ser el apoyo emocional de tu mujer y estar con ella durante todo ese tiempo.

    Debes leer TODOS los libros de embarazo y maternidad que caigan en tus manos (existen muchos cientos en todos lados) y buscar los pocos que puedas sobre paternidad ya que necesitas toda esa información para tranquilizar a tu mujer y a ti mismo.

    El parto

    Al día siguiente del anuncio del embarazo empiezan los temores sobre el parto. Evidentemente los temores no fueron míos o, mejor dicho, mis temores sobre el parto eran diferentes a los temores de mi mujer. Ella temía el dolor que le pudiera causar el parto mientras que yo temía el dolor que ella me pudiera causar a mí (he visto suficientes películas en las que la mujer toma la mano del marido en el parto y se la fractura en medio de una contracción).

    El parto es un escalón de la paternidad que se construye desde el primer día. Ejercicios, dieta y una educación adecuada hacen que el día tan esperado (con sentimientos de temor y esperanza) se conviertan en algo más llevadero. Debo decir que el curso de psicoprofilaxis debería ser obligatorio para toda pareja embarazada.

    El gran día puede llegar de cualquier forma, a mí me llegó a las 1 de la mañana de un domingo con la frase: “creo que se me rompió la fuente”. Pocas veces había salido tan rápido de un sueño profundo como en esa oportunidad.

    La maleta de la madre y la bebé suele estar preparada con semanas o meses de anticipación (en nuestro caso, días) pero casi nunca se prepara la maleta del papá. Algunos cursos recomiendan preparar alguna y otros se olvidan de ese detalle, pero la verdad no nos hace falta nada muy elaborado. Una muda de ropa, un libro, una batería de repuesto para el celular (por si no hay donde conectar el cargador) y algunas raciones de comida son todo lo que debe llevar un padre en su maleta, todo lo demás ya está en la maleta de la mamá.

    El parto es el momento en que más fortaleza debes demostrar ya que debes apoyar a tu mujer durante sus dolores. Poco es el trabajo que realmente hice en ese día, pero mi esposa dijo que mi presencia le fue de gran ayuda. En ese día además fue cuando recordé todo lo que me enseñaron en el curso de psicoprofilaxis y con eso iba ayudando a mi mujer en lo que podía.

    La hora del parto finalmente llegó y alrededor de las 6:45 de la tarde del domingo me permitieron entrar a la sala de parto para compartir con mi mujer.

    El nacimiento

    Parto natural o cesárea es la pregunta que toda pareja se hace y la respuesta generalmente está dividida entre médicos y pacientes. Muchos creen que la cesárea es una salida más limpia e indolora a la hora del parto mientras que otros consideran la recuperación posterior como motivo suficiente para intentar el parto natural.

    Una consideración a tener en cuenta es que la cesárea es una operación mayor en la que se cortan hasta 8 capas de tejido para llegar al bebé por lo que la recuperación de esta operación es bastante dura. Casi todos los médicos que conozco recomiendan optar por el parto natural y solo en casos muy especiales (bebé en mala posición, canal de parto muy pequeño o bebé muy cabezón, entre otros) recurrir a la cesárea.

    Una de las preocupaciones de mi mujer era las historias que oía de nuestras amigas en las que pasaban varias horas en labor de parto para al final tener una cesárea. Lo peor de dos mundos, horas de sufrimiento y dolor para posteriormente tener días de más sufrimiento y dolor. Como esposo, mi única tarea fue apoyarla siempre en su decisión y prepararme para lo que venga. Afortunadamente ella pudo tener un parto natural y a las pocas horas ya estaba caminando nuevamente. Y yo recuperaba mi independencia ya que ahora ella era capaz de cuidarse a sí misma (Que equivocado estaba, mi independencia ya no le pertenecía a mi mujer sino a mi hija).

    Mi hija salió del vientre de su madre con relativa facilidad y en pocos segundos daba su primera bocanada de aire.

    Los primeros 5 días

    A partir del nacimiento es cuando oficialmente la sociedad te reconoce como padre, aunque yo ya llevaba varias semanas sintiendo la responsabilidad.

    La primera noche en el hospital mi mujer se debatía entre la posibilidad de que nuestra hija durmiera en neonatología (junto a manos expertas) o la opción de que duerma en la habitación con nosotros (mi mujer en cama, yo en un sillón y la niña en una cuna). Pese a los temores de mi mujer, pude convencerla de que la niña duerma con nosotros. Esa noche fue bastante tranquila para mí, mi mujer no pudo dormir.

    Los primeros días eran bastante calmados cambiando pañales y viendo dormir a la niña, lo realmente aterrador eran las noches. Nadie ¡NADIE! en ningún libro ni página en internet te prepara para el terror que pueden tener unos padres primerizos con los llantos, quejidos y otros ruidos que hacen los niños al dormir. Mi hija lloraba mientras dormía y nosotros casi llorábamos junto a ella.

    El miedo a la muerte súbita (que hasta el sol de hoy nadie sabe porque ocurre ni cómo evitarla) sumado a los llantos nocturnos, los movimientos involuntarios y nuestra falta de conocimiento hicieron que las primeras noches prácticamente no durmiéramos.

    El cordón umbilical y los primeros baños también eran motivo de preocupación. Nuestra hija se veía tan pequeña e indefensa que temíamos que cualquier cosa que hiciéramos podría dañarla.

    Los primeros 3 meses

    Después del temor inicial de los primeros días, se tiene algo más de confianza y descubres que los niños no se rompen tan fácilmente y son capaces de sobrevivir nuestros aprendizajes.

    Durante el embarazo nos habían explicado que el método adecuado para la lactancia por la noche era: bebé en cuna, padre en la mitad y madre a un costado de manera que el padre tome a la bebé, se la pase a la madre y al finalizar la toma, le saque los gases y la vuelva a la cuna. En teoría todo se veía muy lindo y así lo acordamos; sin embargo, no contamos que por la noche yo caigo como una piedra y es virtualmente imposible que me despierte para nada que no sea un terremoto o un nacimiento inminente.

    Así que al final mi mujer tuvo que hacer ella misma toda la tarea de despertar, movilizar y reubicar a la niña; al menos hasta que tuvo el valor suficiente para dar de lactar acostada y, desde ese momento, ella durmió mucho mejor y empezamos sin querer nuestro colecho (del cual también hablaré en otra ocasión).

    Algo que debo decir sobre la lactancia es que es de esas cuestiones que solo se les permite a las madres y nosotros lo padres quedamos relegados a simples acomodadores de almohadas y sacadores de gases. Lo único que me quedó fue armarme de un biberón e intentar engañar a mi hija para que tome un poco de leche materna.

    Lo más duro de esta etapa fueron los cólicos que sufría la niña y que llevó a su madre a reducir tanto los alimentos que ingería que, prácticamente se alimentó solo de pollo y arroz por 3 meses. El llanto de un niño con cólicos es la cosa más terrible que existe (comparable con el llanto de una mandrágora). Los abuelos sufren, los padres sufrimos y los niños lloran. Cada vez que mi mujer se daba un pequeño gusto que ocasionaba cólicos a la niña, se sentía el peor ser humano de la historia (sí, incluso peor que Hitler). Poco a poco parece que le tomamos el golpe a esto de los cólicos y ya tenemos identificadas las causas.

    En conclusión

    PaternidadLlevo más de tres meses como padre oficial y todavía no llego a la etapa que me imaginaba sobre la paternidad. Todavía no puedo enseñarle a mi hija nada de lo que sé ni compartir con ella aficiones, ni educarle en el pensamiento lógico de causa-efecto.

    A pesar de que la paternidad tal como la imaginaba aún no empieza, todos los días aprendo algo nuevo y todos los días me enamoro más de mi hija, sus muecas, sus ruiditos y hasta sus llantos.

    Llevo muy pocos escalones y sé que me faltan muchos más, pero la escalera se ve prometedora.

     

  • ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad

    ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad

    Para empezar, debo admitir que yo no encajaba en el estilo de mujeres que desde que tienen uso de razón determinan que quieren ser madre; tampoco me ubicaba en el extremo de las que decididamente no quieren serlo; más bien estaba en el grupo de las que no tienen una posición definida al respecto.

    En ocasiones me visualizaba con hijos y sentía algo bonito, hasta bromeaba diciendo que quería tener tres; pero, cuando veía todos los sacrificios que realizaban mis amigos que ya eran padres, la verdad es que eso de tener un hijo no me parecía que fuese la mejor de las ideas, lo veía poco práctico y venían a mi mente pensamientos como:

    • Yo creo que no sirvo para ello, no tengo tolerancia para aguantar berrinches.
    • Eso de tener un hijo implica mucha responsabilidad, bastante tengo ya en mi día a día tratando de salir adelante sola.
    • Al tener un hijo se pierde autonomía, ya no puedes decidir sólo por ti, pues tus decisiones afectaran a terceros;
    • Se necesita estar estable o solvente económicamente para meterse en ese lío, yo no pienso traer un hijo al mundo a pasar necesidades;

    Prueba de embarazoPero todo cambió cuando en octubre de 2015 una prueba confirmó que estaba embarazada, aunque yo lo sospechaba, la verdad es que carecer de una posición definida con respecto a la maternidad hizo que esta noticia me agarrara de sorpresa y en el espacio de unas horas pude sentir las más variadas emociones, entre ellas:

    Miedo, porque sólo vino a mi mente las historias traumáticas de embarazos y partos de familiares, amigos, y hasta de desconocidos que alguna vez vi en cualquier programa de televisión paga.

    Tristeza, porque después que tanto mi mamá había insistido con su deseo de que le diera un nieto o nieta, ahora eso iba a ocurrir y no iba a poder vivirlo a su lado.

    Alegría, porque cuando le di la noticia a mi esposo, él mostró su agrado por ser padre y ratificó que ese era su deseo.

    Debo confesar que pasé por un momento en el que sentía que no iba a poder con la maternidad, que era algo demasiado grande para mí, tenía demasiados temores infundados y mucho desconocimiento, y aunque sigo pensando que tener un hijo es racionalmente poco práctico, de igual manera y con total convicción digo que no cambiaría por nada en el mundo el hecho de ser madre, lo que siento cuando veo sonreír a mi bebé, cuando la tengo en mi regazo, es la mayor felicidad que en mi vida he podido experimentar, ya no me importa lo que es práctico, no me interesa tener autonomía, con gusto acepto la responsabilidad de tener un hijo y los sacrificios asociados.

    Por tanto, ya tengo una posición definida: Soy madre, amo la maternidad con todo lo que implica, y capaz me dejo convencer por mi esposo y le damos un hermanito a la bebé dentro de un par de años.

  • Maternidad: Un Retrato sin Photoshop

    Maternidad: Un Retrato sin Photoshop

    Quise autoretratoescribir mi experiencia real con respecto a la maternidad antes que mi beba con sus superpoderes (su ternura y su sonrisa) manipule mi memoria, me haga perder la objetividad de lo vivido durante el embarazo y el parto y, termine como la mayoría de las madres hablando con un tono rosa de lo maravilloso que es la maternidad; es decir, recordando la experiencia con una belleza casi mística, que suele resultar poco creíble, algo así como lo que ocurre cuando a una fotografía le aplican Photoshop.

    La intención es relatar en una serie de entradas, mi experiencia particular en cada etapa, los miedos asociados, las emociones, los conocimientos adquiridos mediante lecturas, historias de familiares y amigos, recomendaciones expertas de mi doctor y autorreflexiones, que pueden ser de utilidad para las madres primerizas.

    Pero como esto es algo que generalmente se vive en pareja, en ocasiones verán publicaciones de paternidad escritas por mi esposo, dirigidas principalmente a los padres primerizos, que según sus propias palabras  a veces pueden llegar a sentir que «son la última rueda del coche» en esta materia.

    Los temas que estaremos compartiendo:

    1. ¿Eso de ser madre es para mí? Mi posición con respecto a la maternidad.
    2. Paternidad: mis primeras impresiones
    3. Embarazo, nueve meses de fiesta hormonal. (Próximamente)
    4. El temido momento del parto.  Ficción vs Realidad. (Próximamente)
    5. El bebé llegó a casa. Los primeros días y sus respectivas noches.(Próximamente)
    6. Lactancia Materna: ¿Es un acto lindo o más bien traumático? (Próximamente)
    7. Cólicos en el recién nacido. Llanto que rompe el corazón, sentimiento de culpa que tortura a la madre. (Próximamente)

    Mamitas/papitos si les gustaría que abordemos algún tema adicional pueden sugerirlo, si nosotros hemos vivido la experiencia con gusto la compartiremos.